26 al 29 de Noviembre
La madrugada
del jueves 26 de noviembre, un grupo de feligreses de la Parroquia de San
Miguel Arcángel de Córdoba, junto con su Párroco Don Francisco Orozco,
partieron en peregrinación con destino a Fátima.
En el trayecto, acudieron a Santarem para venerar el Milagro Eucarístico, además de visitar el monasterio de la ciudad de Batalha y el de los Jerónimos en Lisboa. En esta misma ciudad los peregrinos tuvieron la oportunidad de rezar ante las reliquias del santo lisboeta San Antonio de Padua.
El grueso del tiempo se pasó en Fátima, allí se vivió de cerca lo ocurrido a principios del siglo diecinueve a los tres pastorcitos: Francisco, Jacinta y Lucía. No sólo se visitó las tumbas de éstos en la Basílica, también, durante el Viacrucis hasta el Calvario de los Valinhos, se recordaron las apariciones de nuestra Madre a los pequeños.
Sin duda, los momentos centrales de la peregrinación fueron las celebraciones de la Santa Misa en la Capelinha, las cuales fueron celebradas en español y presididas por nuestro sacerdote. Aunque más intenso fue poder vivir durante esos días el santo Rosario, que San Juan Pablo II nos pidió rezar con fuerza, participando en la procesión de las antorchas y portando los peregrinos de San Miguel Arcángel a la Virgen Santísima, Nuestra Señora de Fátima.
En el trayecto, acudieron a Santarem para venerar el Milagro Eucarístico, además de visitar el monasterio de la ciudad de Batalha y el de los Jerónimos en Lisboa. En esta misma ciudad los peregrinos tuvieron la oportunidad de rezar ante las reliquias del santo lisboeta San Antonio de Padua.
El grueso del tiempo se pasó en Fátima, allí se vivió de cerca lo ocurrido a principios del siglo diecinueve a los tres pastorcitos: Francisco, Jacinta y Lucía. No sólo se visitó las tumbas de éstos en la Basílica, también, durante el Viacrucis hasta el Calvario de los Valinhos, se recordaron las apariciones de nuestra Madre a los pequeños.
Sin duda, los momentos centrales de la peregrinación fueron las celebraciones de la Santa Misa en la Capelinha, las cuales fueron celebradas en español y presididas por nuestro sacerdote. Aunque más intenso fue poder vivir durante esos días el santo Rosario, que San Juan Pablo II nos pidió rezar con fuerza, participando en la procesión de las antorchas y portando los peregrinos de San Miguel Arcángel a la Virgen Santísima, Nuestra Señora de Fátima.